Santa Misa Crismal.
La Misa Crisma es celebrada por el
Obispo, con todos los presbíteros de la Arquidiócesis del país, siendo una de
las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo. En ella
se consagra el Santo Crisma y se bendicen los Óleos Catecúmenos y de los Enfermos.
El Santo Crisma, es decir el óleo
perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus
carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación
de los diáconos, sacerdotes y obispos.
Con el óleo de los catecúmenos se
extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben
la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de
que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo.
El óleo de los enfermos, cuyo uso
atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los
enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el
perdón de los pecados.
En una procesión solemne los óleos son
llevados en tres ánforas preciosas que se guardan en un lugar previamente
destinado dentro de la Iglesia. Luego de la celebración Eucaristía los Santos óleos
son repartidos a cada uno de los párrocos, para ser utilizados en los
diferentes ritos eclesiásticos.
| Cortesía de Georgina Hidalgo, Càtedral Metropolitana. |
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